Micología •

Hasta que la muerte los separe

En otros Reinos, la expresión de amor es bastante más comprometida y puede parecernos incluso abrumadora; claro que hablo de los hongos.

Hasta que la muerte los separe

El amor tiene muchas formas, expresiones y no conoce de fronteras. Nuestros cuerpos tienen capacidad de unirse en uno solo por contados minutos, y nuestros hijos llevarán la mitad de los cromosomas de cada uno de nosotros, sus padres. Bonito, ¿verdad? Así y todo, como individuos de una especie del Reino Animal, nuestra demostración de amor carnal es temporal y siempre insuficiente.

Cuando dos se convierten en uno

Dentro del Reino Fungi, la gran mayoría de especies formadoras de setas tienen una manera de amar verdaderamente grandilocuente. Si pensamos en una espora, esta comienza su vida emancipada con un súbito flotar gracias a microcorrientes de aire que la llevarán lejos. Si tiene la suerte de caer en suelo o madera, irá extendiendo sus primeros filamentos tímidamente, abarcando acaso unos pocos centímetros, intentando alcanzar algo de protección de la luz y la intemperie.

Seta de sombrero blanco creciendo entre las hojas del bosque

A medida que se extiende, explorando su entorno a ciegas, alejada de la luz, puede encontrarse cara a cara con otro espécimen de su misma especie en igual condición; Después de todo, el suelo o una rama muerta no dejan de ser aceras donde cruzarse con alguien más. Si resulta que son compatibles, acercarán sus filamentos hasta dejarlos “cara a cara”. Y allí ocurre la verdadera magia: esperaríamos que se unieran durante unos minutos, quizás horas, para que a partir de esta hermosa y memorable unión surja su descendencia, pero no. Lo que ocurre es que cada micelio proveniente de un espécimen (denominado micelio primario), aportará núcleos para que estos migren a cada célula del otro espécimen. Esto es tan distante de nuestra insípida noción de amor que apenas entendemos sus implicanciones. Su unión es incuestionable: Ya no son dos entidades diferentes, ni siquiera los podríamos distinguir entre sí a nivel genético. Sería análogo a que nuestros padres se tomaran de las manos y las fusionaran. Ahora ambos son un solo cuerpo, permitiendo que el ADN de uno llegue desde los cabellos hasta los dedos de los pies del otro. Su unión es tan inconmensurable para nosotros que no entendemos lo que significa “de por vida” en su universo. Este estadio de unión permanente es lo que conocemos como micelio secundario y es la fase de mayor duración en la vida de estos hongos. Una vez que se celebra esta unión, cada nuevo filamento que se forme estará biológicamente definido como singular, aunque su composición genética sea plural. Así entonces, esta entidad vivirá períodos indeterminados de tiempo, creciendo y alimentándose de los azúcares que vaya encontrando en su camino.

El sacrificio final: la formación de las setas

En algún momento, puede ocurrir que no consiga más azúcares a su alrededor, o bien que tenga la sensación de estar cerca de una fuente de luz o incluso que detecte un poco de humedad elevada en el ambiente. Este organismo sabe que estos estímulos sólo pueden significar una cosa: está muy cerca de la superficie, eso significa que no hay más caminos para recorrer: su tiempo se agota. Aquí, nuestro organismo plural hace el sacrificio máximo: invierte su energía en generar estructuras como grandes torres que le permitan formar esporas, sus hijas, y dispersarlas lo más lejos que pueda. Estamos ante la formación de las setas. Es en la porción fértil de las setas (poros, láminas, himenio en general) que ocurre la formación de sus billones a trillones de esporas hijas. Estos nuevos organismos serán los encargados de llevar en sus hombros la continuidad de la especie.

Vista inferior de las láminas y el pie de una seta

Este gran drama que relato es el que atraviesan millones de especies todos los años, generalmente en otoño, aunque algunas, más sensibles, pueden hacerlo de forma continua. Ahora ya lo sabes, la próxima vez que te encuentres viendo la típica película de drama en la que una persona está pensando en dar el “sí” pero tiene algunas dudas, piensa que el verdadero drama está ocurriendo fuera, en el mundo natural, ante los oídos sordos de todos los animales.

Gonzalo Matias Romano
Autor

Gonzalo Matias Romano

Nacido contrero, criado curioso, educado científico. La micología apareció como su área de especialidad y no sorprendió a nadie más que a él mismo. La experiencia con formas de vida diferentes a la nuestra lo conmueve tanto que quiere compartir ese mundo para resignificar el nuestro.

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